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Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO XII

La Guerra Civil llega a Piura

 

01.- Pizarro visita San Miguel.

02.- La rebelión peruana.

03.- La rebelión de Cosme Chinguel.

04.- La muerte de Almagro.

05.- El escudo de la ciudad de San Miguel.

06.- La misión de Lorenzo de Aldana.

07.- Dudas sobre el escudo de Piura.

08.- El Dr.Garrido Lecca halla al verdadero escudo.

09.- La fundación de Guayaquil.

10.- La leyenda de El Dorado.

11.- Descubrimiento del Amazonas.

12.- Asesinato de Pizarro

13.- Arribo de Vaca de Castro.

14.- Los piuranos y Vaca de Castro.

15.- La rebelión de Almagro el Mozo.

16.- Ahorcan a pizarristas en Piura.

17.- Los hijos de Pizarro en Piura.

18.- Vaca de Castro llega a Piura.

19.- Castigan a almagristas piuranos.

20.- El auge de Paita.

21.- Arrieros y piaras.

22.- Las principales familias en los primeros 50 años

 

10.- La Leyenda del Dorado

En los tiempos antiguos eran muy frecuentes la propalación de versiones sobre países fabulosos. Los europeos encontraron que también entre los indios americanos había muchas de esas leyendas, que contribuyeron a estimular la codicia de los españoles y los movieron a emprender osadas y desastrosas expediciones. Fue así como Almagro expedicionó sobre Chile y después de la derrota y muerte de éste en la batalla de Salinas, la gran cantidad de soldados que no tenían que hacer, se organizaban en expediciones hacia el interior de la selva peruana de la cual los indios daban fabulosas versiones. En esas expediciones murieron más españoles que en la conquista del gran imperio de los incas.

En las Antillas estaba arraigada la leyenda de la fuente de la eterna juventud, y eso decidió a Hernando de Soto armar expedición a La Florida, donde murió.

En Quito, los indios hablaban de un país quimérico situado hacia el oriente en donde abundaba de tal manera el oro, que las riquezas del Perú no podían comparárselas. Se aseguraba que el rey del Dorado, no usaba traje, sino que diariamente cubría su cuerpo con polvo de oro y que al término del día se bañaba en las aguas de un mar que llevaban ese oro en polvo a otros lejanos parajes. En Quito, Guayaquil, Portoviejo y hasta en San Miguel de Piura, una gran cantidad de soldados ociosos, estaban obsesionados con la idea de conquistar ese país. La dirección de El Dorado coincidía con la comarca en donde se decía que crecía el árbol de la canela, de tal manera que las riquezas eran fantásticas.

Gonzalo Pizarro

GONZALO PIZARRO

 

A raíz del fabuloso tesoro del rescate y de la grandiosidad de la riqueza del Cuzco, los españoles  creían que nada era imposible en el fantástico  país. Fue así como circuló la versión de que al oeste de Quito existía el País del Oro y la Canela llamado también  El Dorado.

 

Ruta de Pizarro

              Ruta de Pizarro

 

Gonzalo Pizarro llegó hasta el punto donde el río Coca se une con el río Napo y allí acampó.

Despachó a Orellana en un barquichuelo que construyeron

Orellana remontó el Napo con un  bergatín  que construyó y con el otro barquito y ya no pudo retroceder. El  12 de mayo  de 1542 llegó al Amazonas

 

Las Amazonas

LAS AMAZONAS

 

Orellana se asombró de la inmensidad del río. En todo su recorrido fueron atacados por cientos de canoas tripuladas por indios hostiles que hasta lograron abordar al bergatín.

En cierto momento se encontraron con tribus de mujeres guerreas y recordando la mitología griega, le pusieron río de Las Amazonas

 

Recorrido del Amazonas por Orellana

Orellana llegó al Atlántico  el 26 de Agosto de 1542. De allí  navegaron hasta la isla Trinidad y luego se embarcó a España para dar cuenta a Carlos V de su descubrimiento

Gonzalo Pizarro

 

RETORNO DE GONZALO PIZARRO

 

Gonzalo Pizarro, cansado de esperar y sabiendo que Orellana había seguido viaje, decidió retornar a Quito.

El retorno, casi sin caballos ni alimentos fue muy penoso. Solo quedaban unos pocos españoles y unos pocos cientos de indios. Con ellos y cubiertos de harapos y macilentos hicieron su ingreso a Quito en junio de 1542, desfilando  siempre soberbios y con la mirada en alto.

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